viernes, 13 de octubre de 2017

La Filosofía de Nuestro Pueblo, ensayo argumentativo.




¿Existe una filosofía latinoamericana  propiamente dicha?

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Cuando se habla de una filosofía  latinoamericana, es decir, de un pensamiento propio de nuestra región se puede correr el riesgo de tachar o ignorar dicha posibilidad, o simplemente pensar que es imposible que en nuestra región haya surgido un sistema filosófico propio. Pero si cambiamos el escenario, y nos cuestionamos si verdaderamente existe una filosofía propiamente dicha en Europa, evidentemente la gran mayoría de personas no dudarían de la existencia de una filosofía eurocentrista, incluso con facilidad  citarían las obras de  grandes intelectuales de la historia como Sócrates, Platón, Aristóteles, Santo Tomas, Heidegger, Kant o Descartes, cosa contraria se da, cuando se piensa en filosofía Latinoamericana, ya que muchas personas no citarían a nadie o simplemente afirmarían  que tal filosofía no existe.
Sin embargo, ahora que se me plantea la posibilidad de reflexionar sobre una eventual filosofía latinoamericana, me abre a la expectativa sobre si ésta verdaderamente existe, y de ello intentaré dar respuesta en este ensayo.
Por eso, para iniciar es importante destacar lo que menciona J, Gaos (1954) “la filosofía no puede menos de realizarse en filosofías expresivas de la personalidad, no solo étnica, sino hasta individual de sus respectivos autores” es decir, la filosofía no es propiedad exclusiva de ningún pueblo, ni de ninguna cultura determinada, por eso tendremos que admitir que es un producto eminentemente humano, en donde el hombre por cuenta propia inicia a reflexionar sobre diferentes temas, como por ejemplo el origen del mundo.
Por lo tanto, al no pertenecer la filosofía a un pueblo o región determinado, y siendo algo que nace de lo más profundo del ser humano, es decir de sus pensamientos y reflexiones más recónditas sobre determinados temas, se puede afirmar que existe un sistema filosófico tanto en Europa como en Latinoamérica, dando paso a una visión filosofía universal, cuyas interrogantes y respuestas dadas por los pensadores, responden a una necesidad de conocimiento tanto de Europa como de Latinoamérica y el resto del mundo.

Ø  Perdida de la identidad latinoamericana
En este punto al preguntarnos por la existencia de una filosofía latinoamericana es preguntarnos por nuestra esencia como seres humanos, si somos o no hombres en el pleno sentido del término, ya que ser hombres implica tener logos, es decir, poseer razón la cual nos permite interpretar la realidad e interpretar al hombre a sí mismo como persona; descubrir sus valores, sus derechos, asumir sus responsabilidades; la razón nos permite preguntarnos ¿qué somos?, ¿qué lugar ocupamos en el mundo?, y cuál es la posición que ocupamos  con respecto a otros hombres, dando todos estos elementos una posible identidad. Pero, ante esto podemos afirmar que toda persona que posee razón es capaz de adentrarse a un pensamiento propio o a un sistema filosófico en cualquier parte donde se encuentre.
Pero en nuestra región ese poder adentrarse a un pensamiento o sistema propio de la filosofía, se ha visto marcada grandemente por el pensamiento eurocentrista, y da paso a un desconocimiento o indiferencia hacia lo latinoamericano, perdiendo cada vez más nuestra identidad autóctona. Ante esto, los temas sobre la vida, la verdad, el tiempo, la religión, entre otros, se han abordado desde concepciones europeas, dándoles cierta primacía acerca de la verdad absoluta, olvidando lo nuestro. Son pocos los que apelan a lo propio, a lo nuestro, a lo autóctono; muchas son las razones: desconocimiento de pensadores latinos, desconfianza al pensamiento que ellos proponen, o simplemente por una mentalidad eurocéntrica. Lo cierto del caso es que estamos sumergidos en una realidad en donde lo europeo rebasa las opciones del conocimiento, mientras que pareciese que Latinoamérica apenas da los primeros destellos de un despertar filosófico.
Sin embargo, al referirnos a los primeros pasos de un despertar filosófico, esto nos lleva a afirmar que en Latinoamérica  si existe un tipo de pensamiento que puede definirse como filosófico, que se pueden encontrar rasgos de estos pensamientos en las culturas precolombinas y que en la modernidad se ha desarrollado en la forma más plena con la filosofía de la liberación, que surge como respuesta a la dominación de que fue, o quizá lo es aún, Latinoamérica, tal como lo retrata Dussel (1996):
                   
“Han asesinado al indio; pero cuando dejan alguno en vida lo reducen                            oprimiéndolo con horrible servidumbre. El texto indica además que dejan en vida la mujer, para amancebarse con ella (dominación erótica), y a los niños, para educarlos en la cultura europea (dominación pedagógica). Y así en nombre del nuevo dios (el oro y la plata, el dinero, las libras esterlinas o el dólar) fueron inmolados al dios del mercantilismo primero, al del primer             imperialismo financiero y al actual imperialismo de las multinacionales, muchos más millones de hombres de la periferia que los que el limitado imperio de los aztecas inmoló (con tanto horror y espanto de la culta y religiosa Europa), a su dios Huitzilopochtli”



No obstante, hay que reconocer que Europa, a nivel de pensamiento filosófico, tiene gran relevancia y representatividad, incluso podríamos decir que tiene influencia sobre el modo de pensar de otras regiones del planeta. Ya lo dirá Beorlegui (2004: 33) en donde señala que las filosofías de las naciones europeas “tienen peso específico y representantes suficientes y de talla reconocida como para configurar una historia del pensamiento filosófico”.  Frente a esto, no basta solo con deshacernos, rechazar o desligarnos de Europa, sino que es necesario “reprogramar” nuestra mente, de modo que, sin perder de vista el aporte del viejo continente, asumamos una nueva postura de pensamiento a partir de nuestra realidad. No podemos negar el gran impacto que la filosofía europea  ha tenido sobre el mundo, sin olvidar nuestro propio sistema de pensamiento, por eso es pero es necesario despertar en los latinoamericanos un sentido crítico que evidencie el eurocentrismo que ha perpetrado nuestra mentalidad y la manera de ver las cosas, para que se pueda potenciar los tipos de pensamientos filosófico de nuestra región.

Ø  Anulación de la filosofía latinoamericana por medio de una tendencia filosófica eurocentrista
Sabiendo ya que existen rasgos de un pensamiento propio en Latinoamérica, se encuentran posiciones de filósofos del mismo continente Americano que invalidan el hecho o la posibilidad de que pueda existir una filosofía latinoamericana, un ejemplo claro de ello se puede encontrar en lo dicho por Gracia (2014):“Los latinoamericanos mismos pensamos muy pobremente de nuestros propios filósofos, y raramente nos referimos a nuestras concepciones como algo que valga la pena, aun cuando hablemos frecuentemente de ellos como figuras importantes en el desarrollo de las ideas en nuestros países, o en América Latina considerada como un todo”
Por lo tanto, con lo mencionado anteriormente se puede denotar que de fondo existe un menosprecio de lo latino, y que solo se contempla como digno de reconocerse como académico, en el sentido estricto de la palabra, la reflexión hecha por los pensadores que dominan el modo de pensar internacionalmente, olvidando que estas mismas  filosofías, aunque no todas, han promovido la dominación de los pueblos latinoamericanos.
Por otro lado también es importante dentro de este apartado ver que, es indispensable tener en consideración que la filosofía es “un modo de pensar y de entender el mundo”. Ella intenta dar respuesta a las interrogantes que él nos plantea, aunque la manera de entenderlo varía dependiendo de las mentes  de quienes se aventuran en la tarea del filosofar. Por tanto, la manera de entender ciertas cosas tenderá a variar de la reflexión efectuada por pensadores antiguos griegos, los contemporáneos, los pueblos originarios en América, porque cada uno lo hace respondiendo a una realidad, una época, un lugar determinado.
Pero ante esto, creo que en nuestra región no se le ha dado la importancia necesaria al pensamiento propio de la región que se desarrolló en un momento específico por diversas culturas de la zona latinoamericana, por eso valdría en este caso mencionar lo dicho por Guadarrama (2008):
                  
       “Ningún filosofo debería permitir que bautizaran a la filosofía con sus respectivos nombres           en lugar de denominarlas por sus posiciones ontológicas, epistemológicas, metodológicas, axiológicas, etc., pues eso implicaría  desconocer la influencia que en él han tenido sus antecesores y coetáneos. ¿Cuantas ideas no trascienden sus autores, países y épocas, y en ocasiones ni  siquiera se conoce con total exactitud su procedencia, y sin embargo son asumidas como propias por hombres de otras latitudes y tiempos?”

De lo expuesto anteriormente por el autor Guadarrama,  me permito decir que la filosofía no es el producto de un o unos autores, ya que esta, como lo vimos anteriormente, es producto de un contexto, el cual es críticamente analizado, y por ende intenta dar respuestas a la realidad circundante, por eso proponer que existe una filosofía latinoamericana sea algo debatible, no se puede negar que los pueblos originarios, sobre todo las culturas más sobresalientes como la Náhuatl o la Maya y la Inca; ya tenían entre su cultura planteamientos que proponían cuestionantes no solo sobre la realidad natural, sino también del sentido de la vida del hombre y su fin último. El que esto sea admitido responde más a posturas que se refugian en argumentos técnicos, que solo reconocen la filosofía desde los postulados griegos y en última instancia, a la filosofía desarrollada en Europa, pero si nos detenemos a analizar detalladamente ya los pueblos y las culturas de Latinoamérica como Náhuatl, los Mayas o los Incas ya habían desarrollado propiamente un pensamiento oportuno sobre algunos temas en específico, abriendo así paso a una estructura de pensamiento o filosófica de nuestra región, que por darle más importancia a pensamientos desarrollados en Europa, dejamos de lado lo propiamente nacido en nuestra región.




Ø  El punto de comienzo de la filosofía latinoamericana

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Aquí nos podríamos hacer una pregunta ¿qué es, entonces, hacer filosofía desde Latinoamérica? El desarrollar una filosofía latinoamericana no es tomar la filosofía de Europa y ponerla en palabras bonitas y sencillas para que podamos entenderla. Tampoco es hacer un análisis vago y sin sentido de lo primero que se nos ponga en frente. Hacer filosofía Latinoamérica es ver nuestra realidad y tratar de entenderla, no a través de ideologías impuestas, sino a través de un método como la intuición que sea capaz de transportarnos hacia mentalidades más concretas que conlleven un convencimiento de nuestro modo de ser en el mundo, de nuestra cultura. Bien sabemos que hablar de la identidad del latinoamericano es algo confuso, primero porque “no siempre los latinoamericanos se han planteado la cuestión de su identidad y de la especificidad de su pensamiento y su filosofía” (Beorlegui, 2004: 44) y luego porque incluso dentro de nuestra región existen muchos pueblos cuyas expresiones culturales varían dependiendo de su locación espacial. Por lo tanto, es significativo recalcar que dentro de nuestra filosofía latinoamericana es importante no filosofar sobre lineamientos tradicionales, sino a partir de nuestro ser cultural y nuestras circunstancias que directamente involucra la identidad del latino. Ante esto comparto lo que expone Zea (1986: 127) donde dice que “una filosofía que, para ser tal, no debe esperar que los hombres de nuestra América sean libres. En una sociedad de hombres plenamente libres, otras serán las preocupaciones filosóficas de sus individuos. En una sociedad en la que la libertad continúa siendo puesta en riesgo, la preocupación central de tal filosofía debe ser la conquista de la libertad".
Por eso una vez que hemos rescatado la infinitud de elementos culturales con que cuenta nuestra región y que nos identifican, podemos reconocer la originalidad de Latinoamérica y la riqueza con que ella cuenta. Pero hay una situación que nos detiene, y es que el latino no acepta su propia realidad, vive de la envidia, y por tanto, busca ser algo que no es, aun a sabiendas de que Latinoamérica tiene la posibilidad de alcanzar su identidad y de demostrarle que ella también piensa.
Ø  ¡Claro que existe una filosofía latinoamericana!
Con este apartado quisiera terminar diciendo que en Latinoamérica si existe verdaderamente una filosofía propia, ya que en desde nuestros antepasados hemos tenido la capacidad de crear y someternos a un sistema de pensamiento y expresiones propias, que le dan una identidad a los pueblos latinoamericanos. Pero debemos tener en cuenta, que en nuestra región tal vez no iremos a encontrar grandes tratados o tomos de filosofía por parte de autores latinoamericanos, y no porque no puedan, sino porque su manera de plasmarla difiere de Europa.
 Sin embargo, referente al argumento de que la filosofía latinoamericana carece de grandes sistemas, pienso que pretender que la única forma de expresión filosófica son los grandes  sistemas, es desconocer que la filosofía tiene, además de los grandes sistemas, formas de expresión distintas como, por ejemplo, la poesía, los pensamientos,  el teatro, la novela, el ensayo, etc., en las diferentes épocas de su historia. Por eso, quisiera resaltar que nuestra filosofía latinoamericana viene a concretizarse en poesías, en cantos, en danzas, en pinturas, en un coloquio en la banqueta de un parque, es decir, la filosofía latinoamericana no parte de un decir abstracto que luego se plasma en un libro, sino que se gesta desde las raíces culturales, históricas, religiosas de un pueblo. Aquí no contamos con filósofos de renombre, sino que contamos con amantes de la sabiduría que la asumen como un estilo de vida.
Por eso, al haber profundizado en el argumento de, si verdaderamente existe una filosofía propiamente dicha en Latinoamérica, puedo decir que si existe y que tiene como objetivo interpretar nuestra realidad para ir al encuentro de nuestras raíces culturales, étnicas, científicas, etc. Pero que se ve fuertemente marcada por la filosofía eurocentrista, porque a lo largo de la historia en nuestra región  se ha querido europeizar nuestro pensamiento. 


Bibliografía:

Beorlegui, C. (2004) El problema filosófico de la identidad y autenticidad del pensamiento filosófico latinoamericano. Bilbao. Deusto publicaciones
Dussel, E. (1996) Filosofía de la liberación. Bogotá. Nueva América
Dussel, E. (1986). La filosofía de la liberación en Argentina: irrupción de una nueva generación filosófica. Bogotá: El Buho.
Gracia, J. (2000) Historia de la filosofía y filosofía Latinoamericana. DEVENIRES I, 2 (2000): 3-30
Gaudarrama, P. (2008) Filosofía latinoamericana: momentos de su desarrollo. Revista de Filosofía, año III, 17
Zea, L. (1986). América como autodescubrimiento. Bogotá: Universidad Central




1 comentario:

  1. El sentido de la Filosofía Latinoamericana ha de manifestarse como fruto de nuestras raíces culturales, étnicas, científicas, como bien se ha señalado, sin embargo es nuestra responsabilidad dejar que la identidad cultural prevalezca o no en nuestro pensamiento, ya que el presente de las cosas se fundamentan en la memoria histórica de los pueblos.

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