¿Existe
una filosofía latinoamericana propiamente dicha?
Cuando
se habla de una filosofía latinoamericana, es decir, de un pensamiento
propio de nuestra región se puede correr el riesgo de tachar o ignorar dicha
posibilidad, o simplemente pensar que es imposible que en nuestra región haya
surgido un sistema filosófico propio. Pero si cambiamos el escenario, y nos
cuestionamos si verdaderamente existe una filosofía propiamente dicha en
Europa, evidentemente la gran mayoría de personas no dudarían de la existencia
de una filosofía eurocentrista, incluso con facilidad citarían las obras de grandes intelectuales de la historia como
Sócrates, Platón, Aristóteles, Santo Tomas, Heidegger, Kant o
Descartes, cosa contraria se da, cuando se piensa en filosofía Latinoamericana,
ya que muchas personas no citarían a nadie o simplemente afirmarían que tal filosofía no existe.
Sin
embargo, ahora que se me plantea la posibilidad de reflexionar sobre una
eventual filosofía latinoamericana, me abre a la expectativa sobre si ésta
verdaderamente existe, y de ello intentaré dar respuesta en este ensayo.
Por
eso, para iniciar es importante destacar lo que menciona J, Gaos (1954) “la filosofía no puede menos de realizarse en
filosofías expresivas de la personalidad, no solo étnica, sino hasta individual
de sus respectivos autores” es decir, la filosofía no es propiedad
exclusiva de ningún pueblo, ni de ninguna cultura determinada, por eso tendremos
que admitir que es un producto eminentemente humano, en donde el hombre por
cuenta propia inicia a reflexionar sobre diferentes temas, como por ejemplo el
origen del mundo.
Por
lo tanto, al no pertenecer la filosofía a un pueblo o región determinado, y
siendo algo que nace de lo más profundo del ser humano, es decir de sus
pensamientos y reflexiones más recónditas sobre determinados temas, se puede
afirmar que existe un sistema filosófico tanto en Europa como en Latinoamérica,
dando paso a una visión filosofía universal, cuyas interrogantes y respuestas
dadas por los pensadores, responden a una necesidad de conocimiento tanto de
Europa como de Latinoamérica y el resto del mundo.
Ø Perdida
de la identidad latinoamericana
En
este punto al preguntarnos por la existencia de una filosofía latinoamericana
es preguntarnos por nuestra esencia como seres humanos, si somos o no hombres
en el pleno sentido del término, ya que ser hombres implica tener logos, es
decir, poseer razón la cual nos permite interpretar la realidad e interpretar al
hombre a sí mismo como persona; descubrir sus valores, sus derechos, asumir sus
responsabilidades; la razón nos permite preguntarnos ¿qué somos?, ¿qué lugar
ocupamos en el mundo?, y cuál es la posición que ocupamos con respecto a otros hombres, dando todos
estos elementos una posible identidad. Pero, ante esto podemos afirmar que toda
persona que posee razón es capaz de adentrarse a un pensamiento propio o a un
sistema filosófico en cualquier parte donde se encuentre.
Pero
en nuestra región ese poder adentrarse a un pensamiento o sistema propio de la
filosofía, se ha visto marcada grandemente por el pensamiento eurocentrista, y
da paso a un desconocimiento o indiferencia hacia lo latinoamericano, perdiendo
cada vez más nuestra identidad autóctona. Ante esto, los temas sobre la vida,
la verdad, el tiempo, la religión, entre otros, se han abordado desde
concepciones europeas, dándoles cierta primacía acerca de la verdad absoluta,
olvidando lo nuestro. Son pocos los que apelan a lo propio, a lo nuestro, a lo
autóctono; muchas son las razones: desconocimiento de pensadores latinos,
desconfianza al pensamiento que ellos proponen, o simplemente por una
mentalidad eurocéntrica. Lo cierto del caso es que estamos sumergidos en una
realidad en donde lo europeo rebasa las opciones del conocimiento, mientras que
pareciese que Latinoamérica apenas da los primeros destellos de un despertar
filosófico.
Sin
embargo, al referirnos a los primeros pasos de un despertar filosófico, esto
nos lleva a afirmar que en Latinoamérica
si existe un tipo de pensamiento que puede definirse como filosófico,
que se pueden encontrar rasgos de estos pensamientos en las culturas
precolombinas y que en la modernidad se ha desarrollado en la forma más plena
con la filosofía de la liberación, que surge como respuesta a la dominación de
que fue, o quizá lo es aún, Latinoamérica, tal como lo retrata Dussel (1996):
“Han asesinado al indio; pero cuando dejan alguno en vida lo reducen oprimiéndolo
con horrible servidumbre. El texto indica además que dejan en vida la mujer, para
amancebarse con ella (dominación erótica), y a los niños, para educarlos en la cultura
europea (dominación pedagógica). Y así en nombre
del nuevo dios (el oro y la plata, el dinero, las libras esterlinas o el dólar) fueron inmolados al dios del
mercantilismo primero, al del primer imperialismo financiero y al actual
imperialismo de las multinacionales, muchos
más millones de hombres de la periferia que los que el limitado imperio de los aztecas
inmoló (con tanto horror y espanto de la culta y religiosa Europa), a su dios
Huitzilopochtli”
No
obstante, hay que reconocer que Europa, a nivel de pensamiento filosófico,
tiene gran relevancia y representatividad, incluso podríamos decir que tiene
influencia sobre el modo de pensar de otras regiones del planeta. Ya lo dirá
Beorlegui (2004: 33) en donde señala que las filosofías de las naciones
europeas “tienen peso específico y representantes
suficientes y de talla reconocida como para configurar una historia del
pensamiento filosófico”. Frente a
esto, no basta solo con deshacernos, rechazar o desligarnos de Europa, sino que
es necesario “reprogramar” nuestra mente, de modo que, sin perder de vista el
aporte del viejo continente, asumamos una nueva postura de pensamiento a partir
de nuestra realidad. No podemos negar el gran impacto que la filosofía
europea ha tenido sobre el mundo, sin
olvidar nuestro propio sistema de pensamiento, por eso es pero es necesario
despertar en los latinoamericanos un sentido crítico que evidencie el
eurocentrismo que ha perpetrado nuestra mentalidad y la manera de ver las cosas,
para que se pueda potenciar los tipos de pensamientos filosófico de nuestra
región.
Ø Anulación
de la filosofía latinoamericana por medio de una tendencia filosófica
eurocentrista
Sabiendo
ya que existen rasgos de un pensamiento propio en Latinoamérica, se encuentran
posiciones de filósofos del mismo continente Americano que invalidan el hecho o
la posibilidad de que pueda existir una filosofía latinoamericana, un ejemplo
claro de ello se puede encontrar en lo dicho por Gracia (2014):“Los latinoamericanos mismos pensamos muy
pobremente de nuestros propios filósofos, y raramente nos referimos a nuestras
concepciones como algo que valga la pena, aun cuando hablemos frecuentemente de
ellos como figuras importantes en el desarrollo de las ideas en nuestros
países, o en América Latina considerada como un todo”
Por
lo tanto, con lo mencionado anteriormente se puede denotar que de fondo existe
un menosprecio de lo latino, y que solo se contempla como digno de reconocerse
como académico, en el sentido estricto de la palabra, la reflexión hecha por
los pensadores que dominan el modo de pensar internacionalmente, olvidando que
estas mismas filosofías, aunque no
todas, han promovido la dominación de los pueblos latinoamericanos.
Por
otro lado también es importante dentro de este apartado ver que, es
indispensable tener en consideración que la filosofía es “un modo de pensar y
de entender el mundo”. Ella intenta dar respuesta a las interrogantes que él
nos plantea, aunque la manera de entenderlo varía dependiendo de las
mentes de quienes se aventuran en la
tarea del filosofar. Por tanto, la manera de entender ciertas cosas tenderá a
variar de la reflexión efectuada por pensadores antiguos griegos, los
contemporáneos, los pueblos originarios en América, porque cada uno lo hace
respondiendo a una realidad, una época, un lugar determinado.
Pero
ante esto, creo que en nuestra región no se le ha dado la importancia necesaria
al pensamiento propio de la región que se desarrolló en un momento específico
por diversas culturas de la zona latinoamericana, por eso valdría en este caso
mencionar lo dicho por Guadarrama (2008):
“Ningún
filosofo debería permitir que bautizaran a la filosofía con sus respectivos nombres en lugar de denominarlas por sus posiciones ontológicas, epistemológicas,
metodológicas, axiológicas, etc., pues eso implicaría desconocer
la influencia que en él han tenido sus antecesores y coetáneos. ¿Cuantas ideas no trascienden sus
autores, países y épocas, y en ocasiones ni siquiera
se conoce con total exactitud su procedencia, y sin embargo son asumidas
como propias por hombres de otras latitudes y tiempos?”
De
lo expuesto anteriormente por el autor Guadarrama, me permito decir que la filosofía no es el
producto de un o unos autores, ya que esta, como lo vimos anteriormente, es
producto de un contexto, el cual es críticamente analizado, y por ende intenta
dar respuestas a la realidad circundante, por eso proponer que existe una
filosofía latinoamericana sea algo debatible, no se puede negar que los pueblos
originarios, sobre todo las culturas más sobresalientes como la Náhuatl o la
Maya y la Inca; ya tenían entre su cultura planteamientos que proponían
cuestionantes no solo sobre la realidad natural, sino también del sentido de la
vida del hombre y su fin último. El que esto sea admitido responde más a
posturas que se refugian en argumentos técnicos, que solo reconocen la
filosofía desde los postulados griegos y en última instancia, a la filosofía
desarrollada en Europa, pero si nos detenemos a analizar detalladamente ya los
pueblos y las culturas de Latinoamérica como Náhuatl, los Mayas o los Incas ya
habían desarrollado propiamente un pensamiento oportuno sobre algunos temas en
específico, abriendo así paso a una estructura de pensamiento o filosófica de
nuestra región, que por darle más importancia a pensamientos desarrollados en
Europa, dejamos de lado lo propiamente nacido en nuestra región.
Ø El
punto de comienzo de la filosofía latinoamericana


Aquí
nos podríamos hacer una pregunta ¿qué es, entonces, hacer filosofía desde
Latinoamérica? El desarrollar una filosofía latinoamericana no es tomar la
filosofía de Europa y ponerla en palabras bonitas y sencillas para que podamos
entenderla. Tampoco es hacer un análisis vago y sin sentido de lo primero que
se nos ponga en frente. Hacer filosofía Latinoamérica es ver nuestra realidad y
tratar de entenderla, no a través de ideologías impuestas, sino a través de un
método como la intuición que sea capaz de transportarnos hacia mentalidades más
concretas que conlleven un convencimiento de nuestro modo de ser en el mundo,
de nuestra cultura. Bien sabemos que hablar de la identidad del latinoamericano
es algo confuso, primero porque “no siempre los latinoamericanos se han
planteado la cuestión de su identidad y de la especificidad de su pensamiento y
su filosofía” (Beorlegui, 2004: 44) y luego porque incluso dentro de nuestra
región existen muchos pueblos cuyas expresiones culturales varían dependiendo
de su locación espacial. Por lo tanto, es significativo recalcar que dentro de
nuestra filosofía latinoamericana es importante no filosofar sobre lineamientos
tradicionales, sino a partir de nuestro ser cultural y nuestras circunstancias
que directamente involucra la identidad del latino. Ante esto comparto lo que
expone Zea (1986: 127) donde dice que “una filosofía que, para ser tal,
no debe esperar que los hombres de nuestra América sean libres. En una sociedad
de hombres plenamente libres, otras serán las preocupaciones filosóficas de sus
individuos. En una sociedad en la que la libertad continúa siendo puesta en
riesgo, la preocupación central de tal filosofía debe ser la conquista de la
libertad".
Por eso una vez que hemos rescatado la infinitud de
elementos culturales con que cuenta nuestra región y que nos identifican,
podemos reconocer la originalidad de Latinoamérica y la riqueza con que ella
cuenta. Pero hay una situación que nos detiene, y es que el latino no acepta su
propia realidad, vive de la envidia, y por tanto, busca ser algo que no es, aun
a sabiendas de que Latinoamérica tiene la posibilidad de alcanzar su identidad
y de demostrarle que ella también piensa.
Ø ¡Claro que existe una filosofía latinoamericana!
Con este apartado quisiera terminar diciendo que en
Latinoamérica si existe verdaderamente una filosofía propia, ya que en desde
nuestros antepasados hemos tenido la capacidad de crear y someternos a un
sistema de pensamiento y expresiones propias, que le dan una identidad a los
pueblos latinoamericanos. Pero debemos tener en cuenta, que en nuestra región
tal vez no iremos a encontrar grandes tratados o tomos de filosofía por parte
de autores latinoamericanos, y no porque no puedan, sino porque su manera de
plasmarla difiere de Europa.
Sin embargo,
referente al argumento de que la filosofía latinoamericana carece de grandes
sistemas, pienso que pretender que la única forma de expresión filosófica son
los grandes sistemas, es desconocer que la filosofía tiene, además de los
grandes sistemas, formas de expresión distintas como, por ejemplo, la poesía,
los pensamientos, el teatro, la novela,
el ensayo, etc., en las diferentes épocas de su historia. Por eso, quisiera
resaltar que nuestra filosofía latinoamericana viene a concretizarse en
poesías, en cantos, en danzas, en pinturas, en un coloquio en la banqueta de un
parque, es decir, la filosofía latinoamericana no parte de un decir abstracto
que luego se plasma en un libro, sino que se gesta desde las raíces culturales,
históricas, religiosas de un pueblo. Aquí no contamos con filósofos de
renombre, sino que contamos con amantes de la sabiduría que la asumen como un estilo
de vida.
Por eso, al haber profundizado en el argumento de,
si verdaderamente existe una filosofía propiamente dicha en Latinoamérica,
puedo decir que si existe y que tiene como objetivo interpretar nuestra
realidad para ir al encuentro de nuestras raíces culturales, étnicas,
científicas, etc. Pero que se ve fuertemente marcada por la filosofía
eurocentrista, porque a lo largo de la historia en nuestra región se ha querido europeizar nuestro pensamiento.
Bibliografía:
Beorlegui, C. (2004) El problema filosófico
de la identidad y autenticidad del pensamiento filosófico
latinoamericano. Bilbao. Deusto publicaciones
Dussel, E. (1996) Filosofía de la
liberación. Bogotá. Nueva América
Dussel, E. (1986). La filosofía de la
liberación en Argentina: irrupción de una nueva generación filosófica. Bogotá:
El Buho.
Gracia, J. (2000) Historia de la filosofía
y filosofía Latinoamericana. DEVENIRES I, 2 (2000): 3-30
Gaudarrama, P. (2008) Filosofía
latinoamericana: momentos de su desarrollo. Revista de Filosofía, año
III, 17
Zea, L. (1986). América como
autodescubrimiento. Bogotá: Universidad Central
El sentido de la Filosofía Latinoamericana ha de manifestarse como fruto de nuestras raíces culturales, étnicas, científicas, como bien se ha señalado, sin embargo es nuestra responsabilidad dejar que la identidad cultural prevalezca o no en nuestro pensamiento, ya que el presente de las cosas se fundamentan en la memoria histórica de los pueblos.
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