Dentro
del voluminoso conjunto de los escritos lascasianos, ocupa la Historia de las
Indias un puesto a toda luz excepcional y no es que sea la obra más famosa,
sino que, este manuscrito es de suma importancia porque permaneció inédito
durante más de tres siglos y aparte fue probablemente el que más tiempo y
trabajo le pidió en medio de una carrera atareada por extremo, habiendo
proseguido él en su elaboración hasta fechas muy abalanzadas de la vida, sin
llegar a finalizarlo con arreglo a los proyectos iniciales.
Aparte
se distingue también dentro de su categoría, por la abundancia y precisión de las
noticias, respaldadas por una enorme documentación de primera mano, cuando no
por la propia existencia del historiador, conocedor como el que más tanto de
las realidades del mundo indígena como del comportamiento español. Además, cabe
resaltar que Las Casas, atento únicamente al valor demostrativos de sus
escrito, no acostumbrada ceñirse a géneros o temas estrictamente definidos.
Por
otro lado, esta obra fue de valioso contenido historiográfico, ya que es la que
mejor recoge y sintetiza del modo más completo entre tantos escritos más o
menos especializados, como los conocimientos empíricos y la ciencia , a la vez
que el ideario teórico y pragmático del protector de los indio.

Otro
aspecto importante es en verdad la cantidad de datos recogidos por el
historiador y a la vez la minuciosidad de los relatos. Además, fuera de los
viajes de descubrimiento y de las empresas conquistadora, que ocupan
aproximadamente la mitad de la Historia, abundan también en ella los asuntos de
orden político, hasta llenar no pocas veces unas extensas secuencias
narrativas. Y no faltaban por otra parte las informaciones referentes al medio
geográfico y humano de las Indias, a las instituciones administrativas y
eclesiásticas de las nuevas colonias, a
su organización social y económica, con atención muy particular y casi
permanente, como era de esperarse, por la condición miserable de los naturales.
Ahora
bien, también es importante referirnos a Las Casa, ya que su calidad de
protagonista de la Historia a partir de 1514, fuera de que podía satisfacer el
dese muy natural de dejar plena constancia de su actuación personal, se explica
fundamentalmente por la aguda conciencia, que tuvo hasta su muerte, de haber
sido elegid, el también para cumplir con una gran misión histórica. Por eso se
sintió obligado a continuar, como se sabe a la relación de sus actividades,
aunque al cabo se frustraron, hasta su ingreso en la Orden de los dominicos.
Por esta particular atención a la persona y empresas del Descubridor, ya las
gestiones y experimentos del “clérigo de las Indias” viene a ser de Las Casas,
sobre uno y otro tema, la más completa de todas las Historias estrictas en su
época.
La
historia de las Indias en el contexto de la acción y escritos Lacasianos.
Este
punto es de gran relevancia por el hecho de que siendo la Historia, una obra
compuesta con fines demostrativos en apoyo de un combate de constante
actualidad, que siendo precisa para enjuiciarla correctamente, debe enterarse
en primera instancia de su génesis y elaboración, situándola en su extenso
contexto biográfico e histórico. En donde de manera especial se recalca lo
siguiente: “Las Casas empezó la relación de las “cosas acaecidas en estas indias”
en 1527. En donde se recuerda que hacía veinticinco años que había llegado al
Nuevo Mundo como colono y futuro clérigo, y que se dedicaría a la protección de
los indios oprimidos. Otro dato importante que se muestra en la lectura del
prólogo de la Historia de las Indias, es que durante este periodo Fray
Bartolomé también se dedicó con gran prioridad a la necesaria adquisición de
los conocimientos jurídicos y teológicos que antes no tenía y que después le
servirían para fundamentar sus escritos y su acción pública. También hay indicios de que escribió
pr quel entonces el De Unico Vocationis
Modo, gran tratado doctrinal en que desarrollaba su teoría de la conquista
evangélica, es decir de la atracción a la fe cristiana por medios únicamente
persuasivos, y probada largamente, por otra parte la lena capacidad intelectual
de las gentes del Nuevo Mundo, tesis esta última de la que procedería, por una
serie de transformaciones y ampliaciones, su posterior Apologética Hisoria de las Indias.

Por
eso, una vez asentada la racionalidad de los indios y la consiguiente
posibilidad de atraerlos por la vía evangélica, le era necesario a Las Casa,
para completar su arsenal demostrativo con miras a la prosecución de su
combate, dejar constancia, en contraposición, de la manera como los españoles
habían procedido en la conquista y dominación de aquellos pueblos. Cabe
destacar que él también después de estas laudables labores mencionadas
anteriormente se dedicó a ser historiador, dando un gran aporte por medio de
sus escritos para la defensa de os Indios.
Con respecto a este tema, hubo sin embargo con toda probabilidad, un
largo paréntesis en el trabajo del historiador. Al volver a la vida activa,
hacia 153, inicia las casas una nueva etapa de su carrera que no se le dejará
casi ningún respiro durante más de veinte año. En las Indias, después de un
hipotético viaje a México y una nueva estancia en los conventos de la Española,
de que se pudo aprovechar aunque no le resultó tan quieta como la anterior ya
que se enfrento con conflictos con la Audiencia, participación -pacifica- en la
reducción del cacique Enriquillo, sale de la isla para Panamá, pasa de allí a
Nicaragua y luego a Guatemala, de donde, tras otro desplazamiento a México, se
embarca para España en 540, habiendo empleado la mayor parte de este agitado y
efectivo periodo en quehaceres misionales y empresas de conquista evangélica.
Después, los cuatro años siguientes, pasados en la Península, corresponden al
apogeo de la actuación política de fray Bartolomé. Que con vistas a la
consecución de una reforma total del sistema colonia, multiplica sus gestiones
en la Corte y escribe apresuradamente una serie de memoriales de denuncias y de
remedios. Obtenidas las Leyes Nuevas de 1542-1543, se dedica, entre otras
ocupaciones, a la recluta de misioneros de confianza que le acompañarán a su
regreso a las Indias como obispo de Chiapas.
En
su diócesis, la malevolencia de os colonos le obligo a una lucha permanente y
al fin imposible, que le mueve a regresar otra vez a España en 154, tras una
breve y agitada estancia en México. Llegado a la Corte, se encara
inmediatamente con las teorías imperialistas de Ginés de Sepúlveda; redacta
entonces unos importantes tratados políticos, y actúa, frente a su adversario,
en las famosas controversias de
Valladolid en los años 1550-1551, con gran acompañamiento de Apologías y Réplicas.
Concepción
Lascasiana de la Historia y Finalidades de la Obra.
Entrando
en este punto en el examen de los principios rectores de la obra y de sus fine,
nada más a propósito que enfocarla con arreglo a su importante prólogo,
siéndose éste de excepcional interés en todo lo relativo a las ideas de Las
Casas sobre el género histórico, al juicio que le merecían los demás
historiadores de Indias, a su propia concepción de la tarea, de su objeto,
condiciones y exigencias, e incluso a los componentes más fundamentales de su
ideario.
Luego de un camino en donde razona el sentido de la obra y de sus
objetivo, y luego de insistir una vez más en su incomparable experiencia personal
de las India, concluye el autor concretando sumariamente la materia abarcada
por su libro, a saber la relación propiamente histórica de los suceso, con
“alguna mixtura” de la naturaleza del Nuevo Mundo y de la condición y
costumbres de las naciones indígenas. Y
anunciando como se ha visto, su proyectada estructura y extensión cronológica.
Atención merece, por fin la variante, “o Causas” añadida por fray Bartolomé a
su apellido. “Las Casas”, al designarse como autor de la Historia en este final del prólogo.
Por lo tanto, a manera de síntesis, es
importante rescatar lo esencial de tan notable manifiesto o profesión de fe del
historiador, importa destacar en primer lugar su concepción fundamentalmente
pragmática del género histórico. Respaldado por los intangibles tópicos
heredados de los antiguos como lo son: Cicerón, Diodoro, y demás autoridades la
cual el autor hace suya la clásica creencia en las virtudes educativas de la
Historia, maestra de vid, y de su insustituible ejemplaridad. De ahí se desprende
necesariamente, como un corolario irrebatible, el imperativo de la verdad.
Ahora buen, sobre el conocimiento de los indios y el comportamiento de los
españoles en las Indias, observa Las Casas con dolorosa lucidez que las
noticias propagadas por sus predecesores, con su injusto desprecio de las
gentes del Nuevo Mundo y su culpable encubrimiento de las maldades perpetradas
contra ellas, han dado origen a una imagen profundamente adulterada de la
realidad. Frente a semejante falsificación y a sus consiguientes perjuicios
materiales, no sólo para los indios sino también para España y la misma
religión cristiana, la necesidad de restablecer la verdad tan dañosamente
ofendida se impone a la conciencia de fray Bartolomé como u deber moral,
estando él por otra parte, con su excepcional experiencia de las cosas de
Indias, capacitado como el que más para cumplir debidamente con esta ineludible
obligación.
